Compras compulsivas: un caso clínico

Compras compulsivas: un caso clínico

Nos acercamos ya al segundo período de rebajas del año, en el que algunas personas atraviesan verdaderos problemas a la hora de controlar el gasto para no comprar de forma masiva y productos que ni siquiera necesitan.

Oniomanía o compras compulsivas

Compras compulsivas

La oniomanía o compra compulsiva es un trastorno psicológico cuya característica principal es un deseo desenfrenado por comprar sin una necesidad real. En algunos casos puede ir asociada a patologías graves (como los episodios maníacos en el trastorno bipolar), pero como trastorno en sí mismo está relacionado con la dificultad para controlar los impulsos.

No se trata solamente de “comprar en exceso” o únicamente en períodos de grandes descuentos, sino de un problema real que implica una verdadera adicción: la compra produce un estado temporal de bienestar (reduciendo la ansiedad u otras emociones negativas), que luego vienen acompañadas de nuevos sentimientos de tensión y culpa que sólo se alivian volviendo a entrar en el círculo vicioso de la compra. Este problema suele estar relacionado con los trastornos de ánimo o trastornos de ansiedad; en los que este mecanismo se convierte en un alivio momentáneo de los síntomas en el que la persona puede quedar enganchado.

En muchas publicaciones se detallan algunos consejos para afrontar estos períodos de descuentos evitando comprar o gastar demasiado: elaborar una lista y realizar una planificación de gasto y cumplirla, dejar las tarjetas de crédito en casa o llevar el dinero según lo planificado, usar la “fuerza de voluntad” y saber “decir no” ante los vendedores y sus ofertas.

Estas indicaciones prácticas, normalmente desde la lógica y el sentido común, pueden no funcionar en el caso de que exista una patología y la persona esté inmersa en ese círculo vicioso; ya que  racionalmente es consciente de qué debería hacer, pero “no puede evitar el impulso de comprar”.

Compras compulsivas: un caso clínico y una terapia “no convencional”

Ya que la lógica del sentido común puede no funcionar en el alivio de algunos problemas psicológicos, me parece interesante reproducir aquí una versión resumida de un caso clínico del profesor Giorgio Nardone, uno de los padres de la terapia estratégica y en cuyo modelo de terapia me formé en su centro de Terapia Estratégica de Arezzo. Este caso clínico aparece en su libro “Perversiones en la red. Las patologías de internet y su tratamiento”  tal y como lo recoge el blog Fans de la Terapia Estratégica. En él se pueden observar una serie de indicaciones orientadas a romper el círculo vicioso, no desde el sentido común, sino atacando a la lógica del problema: la compulsión y el papel del entorno como mantenedor del problema.

Una mujer de 35 años entró en nuestro estudio y comenzó a “vomitarnos” su malestar. La mujer pedía ayuda desesperadamente para su compulsión en la compra de joyas, objetos preciados, accesorios, etc., a través de Internet. Dijo que no sólo desde hacía algunos meses estaba dilapidando su sueldo de empleada, sino que había dejado a cero la cuenta corriente de la familia. Y naturalmente se habían producido importantes conflictos con el marido y con los hijos, que le acusaban de ser una loca irresponsable, pero no habían sido en absoluto capaces de frenar su irresistible tentación. El marido, que utilizaba el ordenador en su trabajo de vendedor, había puesto una contraseña para evitar el acceso a su mujer, pero ésta siempre conseguía superar el obstáculo. Entonces el marido había cerrado con llave la habitación donde estaba el ordenador, pero ella había encontrado una llave de recambio para abrirla. A continuación, el marido la había obligado a dirigirse a mi.

Tiendas: compras compulsivas

La mujer hablaba con desenvoltura de su propio problema, casi como si lo que estaba ocurriendo no dependiese de ella; definía su manía como una especie de rapto incontrolable que la llevaba inexorablemente a comprar. Dijo también que los intentos del marido, en lugar de reducir su deseo, lo habían exaltado. Después de haber indagado el fenómeno que nos proponía y de haber observado todas las características de la patología definida como “compras compulsivas”, preguntamos a la mujer si estaba verdaderamente dispuesta a trabajar para resolver su problema. Ella, como sucede en la mayoría de los casos, respondió que lo intentaría pero que estaba segura del fracaso de cualquier tipo de ayuda, ya que sentía la tentación tan arrebatadora que hacía imposible cualquier resistencia. En este punto llamamos al marido y le pedimos su ayuda, explicando que lo que le íbamos a pedir que hiciera le parecería realmente extraño. Él expresó su deseo de colaborar de cualquier modo para resolver la dramática situación que había surgido en su familia.

Le prescribimos al marido que interrumpiera todos los sermones a la mujer con relación al problema, explicándole que aquella dinámica acababa por exacerbar el problema en vez de reducirlo. Y le pedimos también que cesara cualquier acción represiva en la relación con su mujer, manteniendo como única restricción el control del uso del dinero por parte de ella. Lo que tenía que 

hacer era ofrecerle que, cada día, dispusiera de 5 euros para sus compras. Mientras estábamos explicando esto al marido, la mujer intervino diciendo que la cantidad le parecía irrisoria, pero le contestamos que ella tenía, no la posibilidad, sino la obligación de gastar diariamente 5 euros en compras a través de la Red. Esta prescripción tenía que respetarse al pie de la letra. 

 Repetimos al marido que los 5 euros tenían que gastarse obligatoriamente cada día, ni un céntimo más ni un céntimo menos.

Dinero

En la cita siguiente la situación de la pareja había dado un vuelco. La mujer nos vomitó encima de nuevo un río de palabras, diciendo que lo habíamos estropeado todo, que ya no era lo mismo, y que la había tomado con nosotros por lo que habíamos hecho y por lo que habíamos permitido que hiciera su marido. Dijo que comprar por obligación cada día algo por valor de 5 euros no era en absoluto un placer sino una tortura cruel; hasta tal punto que hubiera querido dejar de seguir la prescripción pero el marido se lo había impuesto por obligación. Felicitamos a este último por haber seguido nuestras indicaciones al mismo tiempo que pedíamos excusas a la mujer, diciendo que, por desgracia, la medicina había de ser muy amarga. De este modo, prescribimos a la pareja que mantuvieran las anteriores indicaciones con una sola variante:

Si la mujer quería, podía saltarse la prescripción un día sí y otro no; la cantidad ahorrada había de invertirse al final de dos semanas en un regalo para el marido.

La mujer manifestó una vez más su disconformidad, diciendo que, en verdad, le parecía fuera de lugar tener que regalar algo a su actual torturador. Nosotros le recordamos la posibilidad de elegir entre “la tortura diaria” y la otra oportunidad.

Volvieron después de dos semanas. Nos explicaron que durante la primera semana la mujer había decidido someterse a la tortura diaria antes que ahorrar el dinero y hacer un regalo al marido, pero después de 7 días, asqueada, había optado por la segunda posibilidad. Les indicamos que mantuvieran la terapia en las dos semanas siguientes ya que desde nuestro punto de vista ésta sólo se había llevado a cabo en su mitad. Esta vez la mujer no opuso resistencia.

En nuestro cuarto encuentro el marido afirmó que su mujer no había comprado por primera vez cosas inútiles en internet sino cosas útiles para el hogar. La relación con él y los hijos había mejorado, y la mujer había comenzado a reasumir responsabilidades.

Le prescribimos la obligación de hacer una compra cada tres días mientras que, con el dinero ahorrado al término de las dos semanas, la mujer tenía que hacer un regalo a cada uno de los miembros de su familia.

El tratamiento siguió adelante añadiendo, sesión tras sesión, un día más de espacio entre una compra obligatoria y otra. Después de unos seis meses, de acuerdo con los dos cónyuges, se interrumpió la terapia ya que el problema había sido resuelto.

Este caso clínico puede servir de ejemplo de cómo se realiza una intervención en un caso de compras compulsivas, pero la recomendación siempre es acudir a un profesional cualificado para el diseño de una terapia personalizada y basada en las características de la persona y su problema
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