Wardrobing

En las últimas semanas se ha puesto de actualidad en los medios de comunicación el fenómeno del Wardrobing o “comprar un artículo (en general una prenda de ropa), usarla y devolverla a la tienda en la que se adquirió el artículo para recobrar el dinero del pago. Es decir se trata de una práctica para utilizar en forma gratuita artículos de todo tipo”.

He tenido la oportunidad de colaborar con el diario digital El Español en un reportaje en el que se trata este aspecto desde un doble prisma: por un lado experiencial, a través de testimonios de personas que compran y devuelven ropa y otros productos de manera frecuente; y también técnico, poniéndolo en relación con las compras compulsivas.

Compras compulsivas

Al igual que ocurre en este problema, el hecho de comprar (o comprar y devolver) se constituye como síntoma que cumple una función, normalmente de gestión de emociones “negativas” (ansiedad, tristeza, miedo, etc.). Es un acto impulsivo, que frecuentemente se acompaña después, una vez que la persona analiza la situación, de sentimientos de malestar y culpa.

“Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia y del País Vasco, el 18% de los españoles son compradores compulsivos”.

De cualquier modo, no todos los casos de compra excesiva constituyen un trastorno. Tal y como establecen los manuales diagnósticos, para que un comportamiento se constituya como patología tiene que producirse de forma repetida, durante un período de tiempo más o menos prologando y generar un sufrimiento y/o interferencia en una o varias áreas de la vida de la persona.

La búsqueda de ayuda en estos casos suele venir por el impacto que las compras tienen en el entorno, bien porque las personas que rodean al paciente son conscientes de que el consumo es excesivo o bien porque llegan a tener un gasto económico superior al que se puedan permitir. Se puede suponer que ante el Wardrobing, habiendo resuelto el asunto de no gastar en exceso, la mayor parte de las personas que ejerzan esta práctica no acaben acudiendo a la consulta de un profesional o que no lo perciban como un problema.

Sería simplista enmarcar este fenómeno como algo que sólo tiene que ver con el individuo. La sociedad de consumo está implicada en el desarrollo de estas nuevas formas de relacionarnos con el entorno: existe una presión constante de la publicidad y los medios por la compra del último modelo del producto , excediendo necesidad real de uso y excediendo también nuestras posibilidades económicas de adquisición. En nuestros tiempos, donde el estatus social ya no lo da tanto el puesto de trabajo o la profesión (la mayor parte de la población con empleos y salarios precarios o en situación de desempleo), sino el impacto que nuestras publicaciones tienen en las redes sociales, esa presentación de novedad (en el caso de la ropa, de nuevos outfit cada semana que publicar en Instagram o en un nuestro blog), nos pueden estar impulsando a engancharnos en esa vorágine. De esta perspectiva contextual pudimos hablar en La Ventana de Carles Francino, en Cadena Ser. Podéis escuchar estas reflexiones a continuación: